Todos me preguntan: ¿cómo lo habéis pasado?.

Y es que este verano, mi hija de 7 años y yo hemos estado en un curso de música Suzuki. Nuestro instrumento: el violín.

Al inscribirnos, algunos padres comentaban que un curso así, tan lejos de casa, suponía perder una semana de las vacaciones de verano. Pues bien, una vez transcurrido ese tiempo, puedo decir que se ha convertido en algo indispensable para nuestros futuros veranos.

Todo empieza con los preparativos; que si comprar cuerdas de repuesto, una esponja nueva, otro arco, la resina… protector para la piscina, una gorra, la maleta… Ahí comienza una serie de expectativas y emociones compartidas.

Este curso de verano Suzuki no es como los campamentos (también los hay de música) en los que se deja a los niños y, al terminar, se pasa a por ellos. Aquí se requiere la presencia de los padres como observadores y cómplices en el aprendizaje activo de los niños, lo cual permite pasar más TIEMPO JUNTOS.

Al ser consciente del horario aparentemente tan intenso, pensé que mi hija, que ya disfrutaba de sus vacaciones, protestaría y no aguantaría ni un día. Mi sorpresa fue en aumento cuando comprobé que estaba deseando ir a cada una de las clases.

Cada mañana había un descanso en el que aprovechábamos para darnos un chapuzón en la piscina. Pues vale; ¡sorpresa!: no me costaba ningún trabajo sacarla para ir a la última clase; a media palabra ya estaba preparada con la sonrisa puesta y unas ganas enormes de comenzar la actividad. Qué diferencia a cuando estamos en casa; la de veces que, aún sabiendo que no da resultado, insisto en repetir: “saca el violín, hay que practicar…”y me invento miles de “compensaciones” (pegatinas, muñequitos, caramelos, tardes de cine,…).

Aquí hay tiempo de piscina, juegos, fiestas, actividades de entretenimiento,… Las clases son muy motivadoras y divertidas. Además de aprender, los niños lo pasan en grande. Y los padres disfrutamos de compartir esos momentos y vivirlos con ellos. No necesitamos que, al finalizar, nos manden un vídeo o resumen de lo que han hecho nuestros niños porque lo hemos vivido.

La mayor ventaja: todos los niños tienen la misma afición. ¡Hasta se montaron un concierto “alternativo” después de cenar!. Sin contar con los mayores. Ellos solitos. Se organizaron. Un niño presentaba, y los demás se iban inscribiendo (¡en una servilleta!)y actuando.

Esta experiencia, entre otras muchas cosas, ha servido como estímulo para la práctica musical. Ahora mi hija canturrea sin parar y toca con el violín ¡las canciones del libro 2! (nosotras aún estamos aprendiendo el libro 1 de Suzuki).

Los niños disfrutan de unos momentos en los que se crean verdaderos lazos de amistad. Al llegar, me sorprendió mucho la camaradería que había allí, como si de una gran familia se tratase; todos se conocían de años anteriores… Ahora entiendo el por qué.

¿Qué cómo nos lo hemos pasado? Sólo puedo responder que mi hija ha vuelto” loca” de contenta y el año que viene quiere repetir.

Por Sene, Mamá de Celia

Publicado por creciendoconsuzuki

Hola, Soy Mabel y soy Mamá y profesora Suzuki. Este sitio web se creó con intención de compartir anécdotas o consejos que puedan ayudar a todas las familias suzuki.

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